DOMINGO DE SAN BUENAVENTURA
El sábado en la
noche soltaron el borrego de que’l domingo caidrían al pueblo los de
Dicen
que allá en la cabecera ‘bían matado ya al difunto Galeano y al “Comején”, que era su guardaespalda
y en paz descansen los dos, pero eso yo no lo vide. Naiden
de aquí del pueblo lo vio. Todos ‘tábamos aquí porque
el domingo es día en que se hace la placita, y ái
nomás dio vuelta la picú y se oyó el primer tiro y aluego,
así de graneado. Yo no vide porque aluego me tiré al
piso, ái nomás tras la tiendita. Uno se cuida de su
vida, señor, y todos los que pudimos nos guarecimos. Nada más quedaron ái los finados Talaveras, que ‘bían servido en la policía cuando el Galeano
‘stuvo en
Eran
cinco endeviduos, pero yo no los vide. Uno cuida su
vida, le digo, y eso fue lo que oyí. Tres eran de los
Giles de allá ‘bajo, rumbo a
Si no
‘biera sido por ese borregazo, señor, quién quita y
el difunto Castaño, que en paz descanse, todavía ‘stuviera
vivo. Porque lo que es los otros seis y los de la cabecera, ya se lo ‘bían ganado pian pianito con sus
desmanes. Por eso digo que fue venganza, manque quién sabe quiénes habrán sido
esos fuereños qu’iban con los Giles
en la picú y de dónde vendrían. Pero los Giles se las
tenían sentenciada a los Reséndiz y a los Talaveras desde hace como tres años, cuando les mataron
unos primos pa’ robarles sus “cuernos de chivo”…
Por
eso le digo, quizás esos se la tenían merecida, pero el Castaño no. ‘Ora sí que
el occiso, que Dios lo tenga en su Gloria, no me hacia mal a naiden. Y si no ‘biera sido por
ese borrego que soltaron, yo ‘biera tenido aquí conmigo
mi carabina, y créame, señor, les ‘biera enfrentado,
porque todos los del pueblo lo ‘biéramos hecho pos no
se puede llegar así nomás disparando, y a lo mejor no ‘stuviera
muerto el difunto Melitón Castaño…
(Del libro inédito El rebaño)
Cuauhtémoc Méndez