DOMINGO DE SAN BUENAVENTURA

 

El sábado en la noche soltaron el borrego de que’l domingo caidrían al pueblo los de la Federal. Qu’iban a’cer revisión porque dicen que por a’i se siembra mucha mariguana. Eso dicen, pero yo no sé. No he visto nada de’so, cuantimás que ni la conozco. Lo que sí, por acá por estos rumbos cada quien tiene su armita. Ya su escopeta, ya su pistolita, y sí, también hay quien tiene su “cuerno de chivo”. Por seguridá, señor. Sí, pa’ defenderse porque acá casi no hay ley. Vienen ái de vez en cuando y aluego cometen fechorías. Sí, los soldados también se dan sus bajaditas, pero nomás buscan mariguaneros. Así que cuando el sábado se supo que al día siguiente caidrían los judiciales, cada cual cogió su camino pa’l cerro a guardar su armita y por eso pasó lo que pasó…

Dicen que allá en la cabecera ‘bían matado ya al difunto Galeano y al “Comején”, que era su guardaespalda y en paz descansen los dos, pero eso yo no lo vide. Naiden de aquí del pueblo lo vio. Todos ‘tábamos aquí porque el domingo es día en que se hace la placita, y ái nomás dio vuelta la picú y se oyó el primer tiro y aluego, así de graneado. Yo no vide porque aluego me tiré al piso, ái nomás tras la tiendita. Uno se cuida de su vida, señor, y todos los que pudimos nos guarecimos. Nada más quedaron ái los finados Talaveras, que ‘bían servido en la policía cuando el Galeanostuvo en la Presidencia, y sus compadres los Reséndiz, y de pilón hasta se llevaron a Melitón Castaño, que nada tenía qué ver en el asunto. Ya pa’ la salida del pueblo se toparon con Ildefonso Ambriz, que también servía en el rancho de los Galeano, y uno se bajó del carro y le dijo que abriera la boca, que ái nomás lo iba a matar, y le sorrajó un balazo endelante de su chiquillo de tres años. Aluego siguieron su camino pa’ bajo.

Eran cinco endeviduos, pero yo no los vide. Uno cuida su vida, le digo, y eso fue lo que oyí. Tres eran de los Giles de allá ‘bajo, rumbo a la Tierra Colorada, y dos fuereños que no eran de aquí y naiden los ‘bía vito nunca antes. Todos con “cuerno de chivo”. Por eso pasó lo que pasó. Como ‘bían soltado ese borrego, todos escondimos las armas en el monte, señor, porque da mucho trabajo comprarlas pa’ que los judiciales se las roben, y no teníamos con qué responderles a los de la camioneta…

Si no ‘biera sido por ese borregazo, señor, quién quita y el difunto Castaño, que en paz descanse, todavía ‘stuviera vivo. Porque lo que es los otros seis y los de la cabecera, ya se lo ‘bían ganado pian pianito con sus desmanes. Por eso digo que fue venganza, manque quién sabe quiénes habrán sido esos fuereños qu’iban con los Giles en la picú y de dónde vendrían. Pero los Giles se las tenían sentenciada a los Reséndiz y a los Talaveras desde hace como tres años, cuando les mataron unos primos pa’ robarles sus “cuernos de chivo”…

Por eso le digo, quizás esos se la tenían merecida, pero el Castaño no. ‘Ora sí que el occiso, que Dios lo tenga en su Gloria, no me hacia mal a naiden. Y si no ‘biera sido por ese borrego que soltaron, yo ‘biera tenido aquí conmigo mi carabina, y créame, señor, les ‘biera enfrentado, porque todos los del pueblo lo ‘biéramos hecho pos no se puede llegar así nomás disparando, y a lo mejor no ‘stuviera muerto el difunto Melitón Castaño…

 

                                                                                                (Del libro inédito El rebaño)

 

                                                                                                 Cuauhtémoc Méndez