Poemas

Lástima, Eusebio,
que no hayas tratado de llegar más allá
de un simple faje con Rosario.
Lástima para tí,
porque viéndolo bien sé que te duele.
A mí también me duele
que hayas pasado sabrosa noche entre sus piernas
y que tu sudor y su sudor mezclados mojaron la sábana.

Pero sábelo, amigo,
y de una vez para que ya no te entretengas:
aunque ella quiere a Víctor
y contigo derrochó sus caricias,
esta muchacha cuando está conmigo
deviene en río de rosas

que se materializan en mis mano.

Ella no es todo lo puta que quisieras
pero esta noche duerme caliente con Eusebio,
mañana con Orestes, luego Víctor...
y tú, lo sabes bien: el carrousel es un amor o viceversa,
esperas vanamente el turno de que tu río entre en su cueva.
Así las cosas, sería mejor que a lo pasado
le dés la espalda y ya lo entierres.
Los soles resplandecen en tus ojos,
tus células son universos buenos,
deja de hacerte guey
y repleto de versos dále tu cuerpo a otra muchacha.
Sabes mejor que nadie que no es posible que te ame,
más subvertido en ese amor,
falto de brazos y de piernas,
das golpes con la frente al NO-ES-POSIBLE
y sufres, camarada Cuauhtémoc,
sufres cierto.