|
Inéditos |
|
|
Andar ¡Anda! Corum-vete, ¡anda! Nos vamos a morir sin amasijos ni levadura para alzar la panza. Somos soplo de Dios, dice la Biblia. Yo soy ateo-. Muramos de gusto, Y de inmediato, en esa encrucijada. Viernes 28 o 29 de noviembre de 2002 en la Mugrelita Inmaculada. |
|
| PONER NOMBRES Si la ardilla no se llamara ardilla, se llamaría mujer. Y entonces se llamaría Martha o Maritza o Luci o Luz María o Clara o simplemente Aurora. Treparía a los troncos de los árboles, pero estos se llamarían espaldas; y brazos, las ramas; y las hojas, dedos aturrulladores. Y los árboles no los nombraríamos eucaliptos ni nogales ni pinos, sino nubes; a las nubes las designaríamos rayos; y a los rayos, muslos. Y los muslos para nosotros serían dos centellas y llamaríamos luceros a sus rodillas; azabache, a sus pómulos; y caricias, a la desmesura de sus senos. Los ojos no serían tampoco los suyos, Sino los de las ardillas y los ciervos. Y yo no me llamaría Cuauhtémoc, sino águila en vuelo. |
|
|
ES CIERTO LO QUE TE DIJO PEDRO DAMIÁN: Nunca encontrarás a nadie tan perrunamente fiel como yo. Menos en estos tiempos de austeridad y crisis en que hasta los buenos amantes escasean. El mundo se incendia y sólo se salvará como Gomorra, como Sodoma: en el holocausto nuclear. Llegaremos a vernos en las cavernas bajo nubes relampagueantes sobre el Pico del Águila, alimentando fogatas con reproducciones de Picasso. Sabes que sólo tengo una amante que se llama Juana y todos la conocen como Marijuana, dos o tres descalabros embebidos de alcohol y delirios de militante político. Mucho amor también. Mucho amor por la gota de ternura de Ariadna. Un sentimiento arrobador y brutal por la vida, que como muslos-peces se me resbala entre las manos. Y sueños con las mujeres que nunca más cogeré porque se han ido como mi último cigarro, dejando en mi boca el clitoral sabor de sus labios- pétalos de rocío en la madrugada. |
|
|
POSDATA Aunque no sea únicamente la mía -¡qué más quisiera!- porque te gusta la verga y te amo, me sorbiste los sesos y los güevos durante doce años de mi existencia. Exprimiste gotas de mí, chorros de sudor y de leche, bilis, jugos pancreáticos, sangre, líquido raquídeo, ADN, adrenalina. Mamaba de tus senos mis ideas; me chupabas por la verga la política. También yo a ti te di cuando menos una parte de lo que pedías: cogidas clandestinas, besos embarazados de deseo, alguna claridad política, metros cúbicos de semen, una vida intranquila y una hija. |